Candidatos para todos los gustos

Por Javier Loaiza.

Se avecinan elecciones y habrá nombres y propuestas de todos los pelambres. Desde los que por primera vez se acercan ala política y creen tener las fórmulas salvadoras de la sociedad, hasta los veteranos que ya tienen contruida la maquinaria y los recursos para reelegirse. Comparto el siguiente texto, capítulo seis de mi libro La Farsa Electoral.

Históricamente las democracias no padecieron de escasez de líderes políticos, unos impulsaron la creación de nuevas democracias de las cenizas de regímenes autoritarios, otros en regímenes democráticos más establecidos fueron claves para promover la movilización y la participación. En general, todos venían de partidos o movimientos y/o habían adquirido cargos en el gobierno apoyados por las organizaciones políticas.

En los últimos tiempos, los liderazgos políticos se han consolidado en un contexto de partidos políticos cada vez más pequeños o respaldados por alguna suerte de coalición o alianza para resolver una crisis. También se dieron casos en que el partido logra “importar” personajes que permitían aglutinar una opción política, provenientes del sector empresarial, social, medios de comunicación, academia e incluso religiosos o militares.

Los medios masivos de comunicación contribuyeron a convertirlos en auténticos protagonistas de la competencia política, cuando no es que fueron alcaldes o gobernantes locales y regionales los que terminaron imponiéndose.

El papel tradicional de los partidos se ha visto suplantado parcial o temporalmente por outsiders carismáticos, movimientos temporales, asociaciones voluntarias con temas particulares, grupos de presión tradicionales, medios de comunicación masiva, coaliciones territoriales y centros de poder económicos, entre otros.

Con la acelerada presencia de medios masivos y en especial de los canales de televisión comerciales, se fortaleció el papel de los líderes con respecto a sus partidos. La política se ha personalizado y mediatizado dando lugar a que sean más importantes los dirigentes que los partidos. El ascenso de los líderes ha corrido a la par del descenso de la importancia de los partidos. Aunque el “voto duro” y relativamente disciplinado, sigue conservando relativa importancia en las decisiones de los electores.

Churchill con su fino sarcasmo afirmó que la política es más peligrosa que la guerra “porque en la guerra sólo se muere una vez”, mientras que los políticos se reciclan y resucitan de tanto en tanto. En ese proceso de consolidación de liderazgos, ahora pretenden eternizarse en América Latina, aunque hubo una transición dramática, pues entre 1885 y 2012, veintitrés presidentes[i] dejaron su cargo en forma abrupta (Diamint 2013).

Otro aspecto importante en relación con los tipos de candidatos tiene que ver con lo que motiva a los políticos a iniciar una carrera política. Interesarse en política, generalmente es el primer paso para un futuro líder político. Sin embargo, no perdamos de vista la afirmación del profesor Yehezkel Dror (Dror 1996), que prácticamente sólo se dedican a la política aquellos que llegan a la conclusión de que no podrán prosperar en ninguna otra actividad de la vida; ni en los negocios, ni la academia, ni el arte, ni el deporte.

Algunos estudios han identificado cuatro motivaciones principales de los políticos para entrar a la política:

  • admiración por los políticos
  • ambición de poder político
  • sentimiento de indignación
  • sentido de obligación

También la familia y los amigos figuran entre las influencias más importantes para abrazar la política, seguidos de los compañeros estudiantes, los acontecimientos y las condiciones sociales. Han sido factores determinantes la escuela, los profesores y los libros.

Siempre hay una motivación detrás de la decisión de entrar en la carrera política. Unos muy jóvenes inician vinculados en labores de campaña y proselitismo, otros tienen claro cuándo y por qué se incorporaron al partido al que pertenecen, o es simplemente tradición familiar, o son los primeros de la familia que se adentraban en la política.

Otros factores identificados como motivadores de la participación política han sido:

  • la influencia de la familia y los amigos
  • la ideología del partido político
  • el programa de largo plazo del partido
  • el contacto con dirigentes partidistas
  • la oportunidad de contar con un espacio de acción pública.

La ambición política y el comportamiento de los políticos están relacionados, y el proceso de socialización política inculca en los futuros ciudadanos la creencia de que pueden llegar a influir la acción de gobierno.

Es importante identificar cómo surgen las creencias, lo que puede formar parte de las razones por las que la gente se hace parte en la política aunque últimamente no parecieran ser tan importantes, pues tanto candidatos como electores tienden a valorar más la presencia mediática, el dinero y los intereses particulares de cada uno.

Las creencias surgen de la necesidad de los seres humanos de encontrar sentido.  Jon Elster señala cinco tipos de estas necesidades (Elster 1995).

  1. Necesidad de hallar un propósito, un fin, una función, un por qué, aún en lo más insignificante.
  2. Necesidad de creer que existe una justicia en el universo. Hasta en las sociedades autoritarias los ciudadanos sienten la necesidad de justificar el orden establecido en que viven.
  3. Los seres humanos parecen tener la profunda necesidad de contar con razones suficientes para hacer lo que hacen y una aversión igualmente profunda por las situaciones en las que la razón no les da respuestas claras.
  4. Las personas necesitan tener una creencia, aunque no sea una creencia correcta. Aún en situaciones en que no cuentan con la información necesaria para formarse una opinión sensata, sienten reparos en admitir su ignorancia. Esto ha estimulado el desarrollo de técnicas de manipulación social.
  5. Las creencias pueden formarse o deformarse mediante mecanismos “fríos”, es decir procedimientos rígidos o ingenuos que sistemáticamente llevan a la persona al error.

Ciertas características personales también pueden resultar relevantes. Las personas muy competitivas en su trabajo o con altos niveles de ambición material y económica están más inclinadas hacia la política. El profesor Dror, afirma que “sólo unas pocas personas de las más morales, inteligentes y preparadas eligen la política como carrera. Y si lo hacen suelen desilusionarse y dejarla enseguida” (Dror 1996).

El escritor español Jardiel Poncela llegó a afirmar que “El que no se atreve a ser inteligente, se hace político” (Poncela 1993).

Aunque el exalcalde de Bogotá Antanas Mockus afirma que está “convencido que la mala imagen  le sirve a una parte de los políticos que son unos sucios y que hacen como se decía de niño, alguien que escupe la sopa para que nadie más la pruebe, (…) Hay como una lucha por el monopolio de la política por parte de una gente que la maneja de modo tradicional y que trata de desanimar y desprestigiar a todo el que se asome a la política” (Loaiza 2000, marzo).

Esos personajes que se presentan a buscar el favor de los votantes, los podemos clasificar en cinco tipos, cinco clases de candidatos:

  1. Los aventureros. Aquellos que llegan a la política, casi siempre por primera vez sin recursos, sin formación ni preparación, llenos de buenas intenciones e ideales o con ganas de resolver su situación económica, o quienes lo toman como una opción laboral. Se presentan generalmente a última hora, con mucha ingenuidad y sin gran reconocimiento en el distrito o circunscripción y gastan el tiempo de campaña en tratar de que los potenciales electores los conozcan, decidan votar por ellos y finalmente los voten.
  2. Los calculadores. Lo hacen para medirse y “hacerse contar”, lo que les debería significar rankearse en el partido, en los medios y ante la opinión. Pueden tener algún reconocimiento público, algún un prestigio en un área como la academia, el arte, los negocios, los medios de comunicación. Es probable que cuenten con algunos recursos económicos y amigos que les convencen de que pueden ser una opción interesante. Por lo regular creen que lo que saben en su disciplina les basta, sin aceptar que el “juego político” tiene maneras, métodos, procedimientos y reglas propias. Muchas veces se defraudan y salen corriendo a hablar pestes de la competencia política.
  3. Los apostadores. Ya tienen experiencia, han ocupado cargos públicos de reconocimiento o tienen respaldo de sectores de opinión y grupos de ciudadanos. Resuelven dar el paso en la búsqueda de votos y apuestan su prestigio, incluso su patrimonio y su tiempo, y tratan de convertir esos recursos en votos. Saben que necesitan meterse dentro de una organización política y conseguir el apoyo, o lanzarse con todas las fuerzas a hacer algún tipo de oposición.
  4. Los persistentes. Candidatos que ya han perdido una campaña anterior y aprovechan la experiencia para retomar el trabajo político. Generalmente se preparan mejor, consiguen apoyos, respaldos, recursos, y organizan sus campañas de forma más profesional.
  5. Los negociantes. Para ellos la política no es más que un negocio, piensan que sólo se necesita dinero. Llegan a comprar publicidad, promoción en medios, seducir dirigentes de base que les hagan la campaña. Sólo les importan los resultados. Algunos pueden tener graves limitaciones éticas y van por todo, cueste lo que cueste. En este grupo aparecen representantes de sectores económicos o gremiales a quienes el bien común no les interesa mucho y sólo los mueven los intereses corporativos que representan.
  6. Los retadores. Son un tipo de luchadores, alternativos, que con o sin recursos, pero dotados de mucha disciplina y voluntad construyen discursos poderosos demandando reivindicaciones o transformaciones de la sociedad. Tienen el don de la palabra, mucho carisma y manejo de los símbolos e imágenes, y logran construir grupos de base altamente comprometidos e inspirados que conforman voluntariados poderosos y efectivos. Generalmente incursionan y manejan con suficiencia las nuevas tecnologías que les permiten abarcar vastos sectores inexplorados por los candidatos convencionales.
  7. Los profesionales. Buscan reelegirse o coronar una carrera política en un cargo de mayor nivel. Cuentan con infraestructura propia, respaldo partidario, organización eficiente, recursos económicos, reconocimiento en medios de comunicación. Casi siempre van a la fija y si llegan a perder, ya tienen vista la alternativa que les mantenga en lo alto de la opinión política o negociado un acuerdo para ser designados en altas posiciones de gobierno.

Los candidatos también se pueden clasificar de acuerdo con el cargo al que aspiran por tipo de elección, uninominal o plurinominal; de acuerdo con el tamaño del distrito al que se presenten, local, municipal, departamental, nacional o de espacio supranacional, como en el Parlamento Europeo o el Parlamento Andino.

Puede tratarse de una candidatura para un cuerpo colegiado, una legislatura, o para un cargo ejecutivo como alcalde, gobernador o presidente.

No hay elección sin candidatura. La candidatura le da al elector la oportunidad de elegir; es la oferta política sobre la que se pronuncian los electores. Los candidatos deben cumplir las regulaciones legales, los plazos, la inscripción ante órganos competentes y con las formalidades preestablecidas.

La presentación de candidatos está reservada a los partidos y organizaciones políticas con reconocimiento legal y, excepcionalmente, a grupos significativos de ciudadanos que deben cumplir las reglas específicas para cada caso.

En los casos de elecciones para corporaciones se hacen por: lista cerrada y bloqueada, lista cerrada pero no bloqueada, lista libre. En la lista cerrada y bloqueada el orden de los candidatos es invariable. El ciudadano  vota por la lista como está construida y se elige a los candidatos en el orden en que  aparecen en la lista. 

En la lista cerrada y no bloqueada el orden de los candidatos es variable. El elector puede votar por la lista como tal como aparece o puede reordenarla poniendo números delante de los nombres, definiendo el orden que prefiere, utilizando votos preferencial y aun tachando nombres de la lista.

La lista abierta permite no solo variar el orden de los candidatos de la lista, sino que puede  combinar en un orden nuevo a candidatos de listas distintas (panachage) y hasta introducir nuevos nombres.

Los tipos de listas reflejan la relación entre el elector y el candidato elegido y la relación entre éste y su partido. La lista cerrada y bloqueada genera una mayor dependencia de los candidatos y electos en relación con sus partidos. Eso permite a los partidos definir la composición de sus grupos parlamentarios mediante escaños reservados para expertos en las materias legislativas, para representantes de sectores económicos, mujeres, entre otros.

La lista cerrada y no bloqueada, permite al elegido mayor independencia del partido. No tiene sólo el respaldo de su partido, sino también el respaldo personal y político de los electores que marcaron por su nombre en la lista del partido. En lista libre, el partido sólo presentar una propuesta y queda disponible al elector configurar su propia lista.

Así pues, en caso de querer presentarse a una candidatura, no solo es importante conocer en detalle las reglas y aspectos mencionados, sino decidir si el momento está maduro para iniciar este proceso, pues de alguna manera, siempre estará desafiando a un funcionario en ejercicio o entrando en competencia con otros adversarios que podrían estar mejor preparados, conocer mejor las reglas de juego y tener mayores niveles de reconocimiento.

[i] Hernán Siles Suazo (Bolivia, 1985), Raúl Alfonsín (Argentina, 1989), Fernando Collor de Mello (Brasil, 1992), Jorge Serrano Elías (Guatemala, 1993), Carlos Andrés Pérez (Venezuela, 1993), Joaquín Balaguer (República Dominicana, 1996), Abdalá Bucaram (Ecuador, 1997), Raúl Cubas (Paraguay, 1999), Jamil Mahuad (Ecuador, 2000), Alberto Fujimori (Perú, 2000), Valentín Paniagua (Perú, 2001), Fernando de la Rúa (Argentina, 2001), Alberto Rodríguez Saa (Argentina 2001), Hugo Banzer (Boliva, 2001), Ramón Puerta (Argentina, 2002), Gonzalo Sánchez de Losada (Bolivia, 2003), Eduardo Duhalde (Argentina, 2003), Lucio Gutiérrez (Ecuador, 2005), Carlos Mesa (Bolivia, 2005), Eduardo Rodríguez Veltzé (Bolivia, 2006), Manuel Zelaya (Honduras, 2009), Jean-Bertrand Aristide (Haití 1994 y 2004), Fernando Lugo (Paraguay, 2012).

Deja un comentario