Venezuela, tres caminos para salir de la crisis

Por Javier Loaiza*

Por más sesgada que sea la opinión de algunos, es imposible negar la crisis que está viviendo Venezuela. No es sólo una crisis política, económica y social, trascendió al terreno de lo humano, desde cuando Chávez estimuló un espíritu confrontacional que generó discusiones y divisiones profundas al interior de las familias, que se separaron unas a favor y otras en contra de la llamada Revolución Bolivariana.

Es una demostración de la importancia de la política. Quince años de discursos, estrategias y tácticas de confrontación estimularon una profunda división en la sociedad venezolana. Ahora, con los desaciertos del presidente Maduro, muchos antiguos chavistas han revisado sus posturas y se han vuelto críticos y opositores. Así como Acemoglu y Robinson en su obra ¿Por qué fracasan los países? demuestran el impacto de la política y los gobiernos en el curso de las sociedades, es evidente en Venezuela que el manejo de lo público determina el curso de una nación, por más que las voluntades y esfuerzos individuales pretendan sobreponerse y avanzar. Es como una planta que trata de sobrevivir en un terreno árido, sin agua y sin nutrientes, por mucho que resista y se esfuerce, al final, perece.

Hay quienes desde afuera, de manera obtusa y que incluso raya con lo inhumano repiten la consigna del gobierno, que le atribuyen la situación a una orquestada agresión imperialista, mientras el resto, la gran mayoría, insiste en mostrar a un mundo  cada vez más cínico y apático los abusos del poder. Para muestra el exalcalde de Londres, el laborista Ken Livingstone, apodado “Ken El Rojo” quien afirma que la situación es culpa de Chávez pues “había 200 familias que controlaban el 80% de la riqueza. Les permitió seguir viviendo”.

Ahora, la política tiene un fuerte sustento económico, pues así como las reglas de la convivencia/confrontación, es decir lo público, la política, lo que es de todos, determina el curso de una sociedad, no es menos cierto que las condiciones económicas en general y de los ciudadanos en particular influyen de manera dramática, no sólo sobre la política misma sino sobre la vida en cotidianidad y hasta la cultura de una sociedad.

Una pregunta interesante, al respecto es: ¿Chávez hubiera podido hacer todo lo bueno o malo que unos u otros predican, si no hubiera tenido un precio del petróleo por encima de los cien dólares, que le produjo una situación de superávit que manejó como una caja menor a su antojo? Y, al contrario, ¿el incompetente Maduro sería percibido tan malo con precios del crudo similares a los que disfrutó su antecesor?.

Pues bien, a pesar de la insistencia de tozudos amigos del régimen bolivariano que lo ven como una inspiración de su ideario anti-norteamericano y anti-sistémico, lo que es un hecho es una hay una profunda crisis social, humanitaria, económica y política. Quienes están en el poder han demostrado que no lo van a entregar, y así lo repiten a diario, pues para ellos mantenerse es una cuestión de supervivencia. Son conscientes que nada ni nadie les va a defender después de  los abusos y excesos cometidos, por lo que están dispuestos a jugarse hasta las últimas consecuencias.

¿Es posible más diálogo?

El dialogo entre el gobierno y la oposición hoy definitivamente parece una opción descartada, respaldado por quien sea, por el Papa o por cualquier grupo de países, no es más que un mecanismo de alargue y desgaste para la oposición, es una forma de ganar tiempo antes del colapso definitivo, pues como lo señala Maduro, “los vamos a sentar a las buenas o las malas para dialogar”. ¿Cómo se dialoga  a las malas? ¿Por imposición, con amenazas de judicializar y encarcelar a quienes no aceptan los designios del gobernante?

La realización de elecciones tampoco resulta una salida luego de más de trece procesos ganados anticipadamente por el gobierno, apoyados en la expresión del expresidente Carter de que el sistema electoral venezolano era el más perfecto del mundo. Allí, en Venezuela se cambió el principio que describe Dieter Nohlen de elecciones competitivas y democráticas bajo la premisa de reglas ciertas para resultados inciertos y no al revés, como sucede en forma sistemática en Venezuela, reglas inciertas para resultados ciertos y predeterminados.

Encima, la oposición no cuenta con un liderazgo suficientemente consolidado. Desde el fatal error cometido en las elecciones parlamentarias el 4 de diciembre de 2005, en la que los opositores se retiraron y dejaron todo el campo a Chávez, permitiéndole tomar el control absoluto del legislativo y, por esa vía, cooptar la rama judicial y el poder electoral, desde entonces, no se ha logrado consolidar una personería capaz de dirigir el enfrentamiento con el régimen.

Después de mucho bregar, la Mesa de Unidad Democrática, MUD realizó una consulta popular que ganó ampliamente Henrique Capriles en 2012. Capriles después de las elecciones en que ganó según afirmó ganó a Chávez, perdió su momentum, pues en vez de reclamar el poder o incluso declararse gobierno en el exilio, en una débil actuación se limitó a demandar el robo de las elecciones ante los mismos que se las habían robado. Leopoldo López que emergía como la figura aglutinante se entregó voluntariamente al régimen que lo encarceló hace tres años y que, a pesar de servir de pretexto para denunciar ante la comunidad internacional el abuso de poder y la enorme cantidad de presos políticos, y del valiente activismo de su esposa Lilián Tintori por su libertad, no ha sido el mártir ni el líder que recoja todo el sentimiento popular. Por su parte, María Corina Machado, una de las más valientes y radicales opositoras tampoco logra hacer que confluyan las simpatías en torno a su nombre.

Al final, los tres, son vistos un poco como representantes de la vieja oligarquía corrupta que provocó el espacio para el surgimiento de Chávez. Por ello, quizá los estudiantes y la juventud han terminado siendo la fuerza opositora más decidida en las calles contra el régimen, con enorme desconfianza con los sectores políticos, aunque la realidad de la represión parece poco a poco acercarlos.

Desde una orilla menos radical, el gobernador y exdirigente chavista Henry Falcón en su momento parecía una figura apropiada para hacer una transición, si Maduro entregaba el poder o hacia menor resistencia.

Además, las elecciones venezolanas son manipuladas en forma sistemática en las tres etapas de cualquier proceso, en forma previa, durante y al contabilizar los resultados, como lo demuestro en mi libro La Farsa Electoral, donde se ve cómo en Venezuela se ejecutan prácticamente todas las formas de fraude que enumero en el anexo: “123 formas de hacer fraude electoral”.

En los últimos días parece darse un cercamiento de conveniencias entre antiguos funcionarios chavistas y dirigentes del PSUV, partido de Chávez y algunos dirigentes de la MUD. En un foro abierto al público llamado “Encuentro en defensa de la Constitución” participaron entre otros la destituida fiscal Ortega Díaz, Eustaquio Contreras, del Bloque Parlamentario Socialista de la Asamblea Nacional; Gabriela Ramírez, exDefensora del Pueblo; Miguel Rodríguez Torres, controvertido exministro del Interior; y Luis Lander, representante de la ONG independiente Observatorio Electoral Venezolano. Por parte de la MUD participaron Julio Borges y Freddy Guevara, presidente y vicepresidente del Parlamento venezolano; Henrique Capriles Radonski, gobernador del estado Miranda; y Ángel Oropeza, coordinador de apoyo político de la alianza opositora.

La dirigente del partido de la Libertad, María Corina Machado, se apartó de este encuentro y de sus conclusiones pues para ella participar en las elecciones regionales, que convocaría el gobierno para final de año, sería “someterse a la ruta de la dictadura, legitimar a un CNE que el mundo entero se reconoce cómplice del más grande fraude, y aceptar que perdimos la lucha en la calle, y eso no es verdad”.

Ante esa situación, lo más deseable sería un acuerdo de voluntades, cada vez más improbable, que permitiera la salida pacífica para establecer un gobierno de transición. Implica alguna forma de fuero o impunidad para los miembros de la cúpula del gobierno para que salieran del país con blindaje jurídico y lavado de sus activos, atendiendo las exigencias de la Corte Penal Internacional, CPI.

En ese acuerdo deberían confluir las fuerzas gubernamentales, los viejos chavistas disidentes del actual gobierno y los dirigentes opositores, a nivel interno. Pero no podrían quedarse por fuera de esa mesa actores fundamentales que tienen poderosos intereses en Venezuela como Rusia, China e Irán y, por supuesto Estados Unidos y la Unión Europea. Los vecinos tienen que decir, en especial los más amigos del régimen: Cuba, Nicaragua y Bolivia, además de Colombia y Brasil. Imaginemos una mesa con esos actores discutiendo términos para una solución, más aún si quienes están aferrados al poder no quieren entregarlo.

Hay quienes quizás pensando con el deseo, claman por una salida todavía posible, que podría implicar conversaciones cerradas de alto nivel facilitadas por Cuba y un grupo de países de la región. Sería según expresan analistas de Foreign Affairs, para evitar una guerra civil en Venezuela, que una entidad regional de confianza, como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) o UNASUR, podría desempeñar un papel de apoyo y mediación como garantes. “Cualesquiera que sean los Estados y entidades que vayan a la mesa, pueden dar testimonio, dar charlas, catalizar nuevos pensamientos, construir puentes y acompañar el proceso. El punto es que América Latina es una región rica con experiencia en resolver sus propias tensiones”[1].

En ese escenario la llave de salida al colapso venezolano estaría en manos de Raúl Castro quien podría convencer al régimen, tranquilizar a los norteamericanos, dar garantías a Rusia, China e Irán, y ayudar a construir una salida de transición interna. Sin embargo, si no ha construido un sistema de transición en su país, no parece probable que lo hiciera para la Venezuela actual que le garantiza el flujo de dólares que tanto necesita.

La salida entonces parece ser, sacar del poder por la fuerza a la poderosa y criminal banda de los cuatro: Maduro, Cabello, Padrino López y Delcy Rodríguez. Maduro que ostenta el poder político y el control de la burocracia, Cabello que maneja la cúpula corrupta del Cartel de los Soles -como se le denomina a la mafia de las drogas- y, las implacables milicias bolivarianas; el general  Padrino López quien controla la Fuerza Armada Nacional, FAN, y la policía que se convirtió en policía política antimotines, y que ha provocado los más de 130 muertos opositores; y, Delcy Rodríguez la beligerante ex canciller de Venezuela, ahora presidenta de la poderosa y corporativista Asamblea Constituyente.

Ante la precepción generalizada de que el gobierno de Maduro definitivamente va a caer, y que no es claro cuándo ni cómo, podría darse por una de las tres vías siguientes: 1. Quirúrgica, 2. Rebelión de los capitanes, 3. Revuelta popular.

En qué estamos

Antes de describirlas, repasemos algunos aspectos clave, sobre todo porque hay informaciones confusas y a medias. Empecemos por decir que Venezuela no es actualmente una democracia, es un Estado tomado por los herederos de un ideario chavista que pretendía reinventar la aspiración socialista.

En la actualidad Venezuela es el país más endeudado del mundo. No hay otra nación con una deuda pública externa tan alta como proporción de su PIB o de sus exportaciones, o que enfrente un servicio de la deuda más alto en relación con sus exportaciones. Entre 2012 y 2016, los ingresos fiscales no petroleros se desplomaron un 70% en términos reales. La pobreza aumentó del 48% en 2014 al 82% en 2016. La catástrofe económica de Venezuela eclipsa cualquier otra de la historia de Estados Unidos, Europa Occidental, o el resto de América Latina, con una disminución del 40% del PIB per cápita, como lo evidencia Ricardo Hausmann.

Más de 430 opositores han sido encarcelados, muchos de ellos después de juicios en tribunales militares. Grupos de vigilantes respaldados por el gobierno patrullan las calles y acosan a los ciudadanos y opositores que levantan barricadas en todo el país.

El discurso de izquierda ya no convence, buena parte de los izquierdistas se desmarcan, aunque algunos más radicales callan o lo hacen en voz baja, tal vez confiando que, de alguna manera, la situación mejore. Hasta los intelectuales de la izquierda dicen que el régimen no es de izquierda, como Noam Chomsky, y que perdieron la oportunidad de hacer la verdadera revolución, como cuestiona el expresidente uruguayo Pepe Mujica. Sólo el gobierno cubano parece estar feliz con la situación.

Los regímenes autocráticos son los más corruptos y los menos propensos a democratizarse y como me dijera hace pocos años un amigo investigador de opinión pública venezolano, la peor herencia de Chávez está en que una tercera parte de los venezolanos está convencido que no necesita trabajar. Estamos hablando de tantas personas como todos los habitantes de Bogotá y sus alrededores, tantos como toda la población de República Dominicana, dos veces todos los costarricenses, o dos veces y media los habitantes de Panamá. Además, las dictaduras fuertes, más que cualquier otro tipo de gobierno, dependen de la distribución de incentivos financieros para mantener el poder, y los costos de funcionamiento de un Estado asistencialista y despilfarrador son demasiado elevados.

De acuerdo con estudios recientes, la manipulación populista, que en Venezuela ya pasó a represión masiva, se caracteriza por enorme desprecio por la libertad individual, y la idolatría del Estado personalizada en este caso en una supuesta revolución socialista; en echarle la culpa de todos los males a otros, no a las fallas del sistema; en un discurso anti-imperialista y anti-neoliberal; en manipulación de las elecciones para darle un aire de legitimidad democrática y, en un discurso igualitarista para sustentar el reparto corrupto del Estado entre amigos fieles, para asegurarse la continuidad. Entonces, fomenta el odio y divide la sociedad entre buenos y malos, restringe la libertad económica, y desprecia cualquier institución que no sirva a los propósitos de preservar el poder.

Visto el panorama venezolano, es evidente que se trata de una autocracia populista, incompetente y corrupta, y según muchos, además mafiosa y criminal, de la que los venezolanos no van a salir con paños de agua tibia, como se dice popularmente. Para quienes no quieren ver la gravedad de la situación, debería bastarles que más de dos millones de venezolanos ha emigrado de su país, al menos medio millón a Colombia y, según informes periodísticos el 30% de los venezolanos prepara papeles para irse[2].

Aproximemos entonces tres caminos posibles para salir de la crisis.

1.     Intervención quirúrgica.

Como un cirujano que interviene en una crisis de salud para actuar sobre un órgano del cuerpo y muchas veces extirpar algo anómalo. Es la solución que muchos preferirían y que esperan con ansia. Un grupo de comandos que de manera selectiva y precisa llegaran como en las películas a sacar a Maduro, Cabello, López y la señora Rodríguez. Mucha gente se pregunta cómo y por qué Estados Unidos o la OTAN no intervienen como en el caso de Noriega en Panamá, en diciembre de 1989.

Eran otros tiempos. El mundo de hace casi treinta años nada que ver con el de hoy. Ahora, el mundo es interdependiente y nadie tiene la capacidad de tomarse la largueza de acciones por iniciativa propia; ni siquiera Bush hijo se atrevió a invadir Irak en 2003 sin conseguir una resolución de apoyo de la ONU, y de una serie de países amigos.

El régimen chavista en diecinueve años ha construido fuertes alianzas con Rusia, China, Irán, Corea del Norte, y ni qué decir de Cuba, por mencionar algunos. Esos aliados tienen estrechos lazos comerciales, jugosos acuerdos financieros y sospechosas alianzas estratégicas que tienen que cuidar, y que no van a dejar que fácilmente los norteamericanos y europeos vengan, de un día a otro, a sacarlos del juego.

Por ejemplo, la petrolera estatal venezolana PDVSA es el segundo mayor socio extranjero de la petrolera rusa Rosneft, empresa que tiene grandes proyectos y privilegios en el país con mayores reservas de petróleo del mundo, Venezuela. La deuda venezolana con Rusia se estima en mil millones de dólares. Putin va a cuidar el negocio y sus intereses, y tratará por todos los medios de conservarlos y mejorarlos. El gobierno ruso ha pedido que la fuerzas externas “ejerzan moderación y abandonen sus planes destructivos” para que los venezolanos afronten la situación “sin interferencias externas”.

China se ha mantenido discreta, pero atenta, pues la deuda de Venezuela supera los 65.000 millones de dólares, que es igual al PIB de República Dominicana y tanto como las economías de El Salvador, Honduras, Jamaica y Nicaragua juntas. De hecho los chinos ya han tenido contacto con algunos dirigentes de la oposición, pues les preocupa lo que pueda suceder en el inmediato futuro. Cualquier salida, debe garantizar a los chinos sus intereses.

Ni qué decir de Irán que ha construido fuertes lazos industriales, turísticos y según se ha reiterado, avances conjuntos en enriquecimiento de Uranio. No será fácil ninguna solución sin tomar en cuenta el gobierno de Rohaní.

La supervivencia económica y política del régimen cubano ha dependido de su éxito en tener aliados en otros países que, a su vez, puedan influir sobre sus gobiernos en apoyo a la isla. En relación con Venezuela, el régimen de Caracas se volvió vital para la Isla donde logró penetrar en todas las áreas del Estado haciendo prácticamente una toma por las venas sin disparar un solo tiro. Se aprovechó de sus servicios de espionaje, su diplomacia, propaganda, ayuda humanitaria, intercambios juveniles, académicos y culturales, y el apoyo en otros países a ONGs, intelectuales, periodistas, medios de comunicación y grupos políticos afines, como lo reseña un informe de El País, de España[3].

Buena parte de las importaciones venezolanas se realizan a través de empresas cubanas. Funcionarios cubanos controlan las notarías públicas y los registros civiles de Venezuela, supervisan los sistemas informáticos de la presidencia, ministerios, programas sociales, policía y servicios de seguridad, así como la petrolera estatal PDVSA. Y, por supuesto la más criticada, la cooperación militar que según se denuncia va desde la asesoría para la creación y funcionamiento de las milicias bolivarianas al estilo de los temidos Comités de Defensa de la Revolución, CDR, hasta la definición de las acciones estratégicas militares y de policía.

Ahora, si como se especula el presidente norteamericano impusiera un embargo petrolero a Venezuela que muy probablemente aceleraría el colapso del régimen, podría a su vez, generar preocupantes consecuencias al país del norte. Estados Unidos importa el 10% de su petróleo de Venezuela, 700 mil barriles diarios, que es la tercera parte de lo que exporta Venezuela actualmente. El régimen se sacudiría, entraría en más graves dificultades para atender sus compromisos financieros, alimentar y sostener los casi diez millones que viven directa o indirectamente del Estado, y no podría pagar a sus trabajadores petroleros, soldados y policías. Produciría un mayor colapso social y un mayor flujo masivo de refugiados a Colombia y otros países, provocaría el fin del apoyo venezolano a Cuba y Haití, y sobre todo, el descenso brusco en las exportaciones de Venezuela aumentaría los precios del petróleo, impulsando las economías de Rusia e Irán, como lo explica un informe del New York Times[4].

Como se ve, este escenario además de complejo, parece bastante improbable.

2.     Rebelión de los capitanes

Recientemente han empezado a aparecer videos y comunicados de grupos de soldados y policías que expresan su oposición al régimen. Sería un levantamiento liderado por mayores y capitanes, pues buena parte de los generales y coroneles están comprometidos con los abusos y la corrupción del régimen, al resto de oficiales les toca hacer el trabajo sucio sin recibir los beneficios de sus superiores.

Desde que en Junio un oficial de policía desde un helicóptero del gobierno atacó la Corte Suprema con disparos y granadas, casi un mes después, las tropas venezolanas informaron que habían desactivado un motín en una base militar en el estado de Carabobo. Los amotinados dijeron que querían “restaurar el orden constitucional”, mientras que Maduro afirmo que se trató de un “ataque terrorista”.

Un levantamiento de guarniciones clave pondría en dificultades al gobierno y podría generar enfrentamientos entre la Guardia Nacional, la Fuerza Armada y la policía que sería definitivamente más cruenta y demorada que la solución anterior, y que hace impredecible la reacción de la gente, en especial el papel brutal de los colectivos chavistas. Se trata de una opción en que estarían enfrentados grupos oficiales armados leales al régimen con sectores militares alzados contra el gobierno y, según afirman algunos, lo hacen en defensa de la Constitución chavista.

3.     Revuelta popular

Como consecuencia de alguna de las dos anteriores opciones o por recrudecimiento de la situación actual de enfrentamiento en las calles, milicias bolivarianas apoyadas por policía y Fuerza Armada enfrentarían de manera más decidida a grupos de jóvenes en pueblos y ciudades, que se levanten con apoyo de sectores de las fuerzas armadas y de policía que ya no desde los cuarteles sino en calles y caminos, se decidan ir a combatir el régimen. Esta sería una situación concreta de guerra civil, con impredecibles consecuencias.

Durante los últimos cuatro meses de agitación, más de 130 personas han muerto y otras 3.500 resultaron heridas en protestas contra el gobierno. Centenares de miles de venezolanos han huido a países vecinos, Brasil y Colombia, en busca de refugio. La mayoría de los países de la región preparan en silencio planes de contingencia para hacer frente a la explosión venidera.

En conclusión. El camino a seguir es incierto, y complejo. Y luego, caído el régimen, sin Maduro en el poder, la tarea de reconstruir la economía, el tejido social, la cultura política y de civilidad, seguramente va exigir mucho tiempo, tino y paciencia.

Guasca, Agosto 11 de agosto de 2017

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*Escritor, analista político, consultor, entrenador en liderazgo

[1] https://www.foreignaffairs.com/articles/venezuela/2017-08-09/how-avoid-venezuelan-civil-war

[2] https://www.revistavenezolana.com/2017/02/migracion-venezolana-cuantos-se-ido-hacia-donde/

[3] https://elpais.com/internacional/2014/04/19/actualidad/1397936093_048585.html

[4] https://www.nytimes.com/es/2017/07/27/venezuela-sanciones-trump-petroleo/

Un comentario

  1. Un magnifico resumen del escenario existente en Venezuela, país al cual aprecio ya que estudie parte de mi carrera en la milicia. Sin duda una situación compleja, mas no imperativa, es un escenario en donde hay que tomar grandes decisiones, ya que varios países del continente se avalanchan en esa dirección, a grandes males grandes remedios, decía mi abuela. América para los Americanos, debiese ser un bastión del pensamiento, libertad y democracia es otro y creo que se percibe de tu estudio la gran potencialidad del continente, este puede ser el punto de inflexión histórico en la tan anhelada integración Americana. Hay mucho que decir. Felicitaciones por abordar un tema de interés primario Americano desde la óptica del desarrollo de nuestras democracias,.

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