De la que nos salvamos, Eljach!

Por Javier Loaiza. Guasca Febrero 8 de 2018

Parece que nos salvamos. Por lo menos hasta ahora, pues con este gobierno tramposo, nunca se sabe que carta rara va sacar. Es claro que para el gobierno lo que importa es su parecer, no la ley ni las instituciones. Pero claro, el presidente Santos, ese pequeño déspota y caprichoso jefe del gobierno, en su vida jamás tuvo que trabajar para ganar dinero, ni intrigar para ser admitido en ningún círculo, y se acostumbró desde muy pequeño a imponer sus caprichos haciendo lo que fuera necesario, y a gastar como hijo de rico, sin medida ni control. En eso coincide sus amigos Samper y Vargas Lleras, alumnos dilectos de Alfonso López..

Y así ha hecho con el país, las instituciones y hasta la con la Constitución. Parece una nueva versión de Luis XVI quien afirmaba “Yo soy el estado, yo soy la ley”, lo que hace a menudo y acomoda o encarga a abogadillos, a quienes incluso nombra de ministros para que le hagan el trabajo sucio, para pasarse por la faja las normas y las instituciones ya de por sí desvencijadas. Recuerdo al bárbaro presidente de Bolivia cuando en discurso en plaza pública decía que no podía aceptar que los abogados que los asesoraban le dijeran que algo no se podía porque lo determinaba la ley, y agregó, entonces que cambien la ley.

Pero bueno, entrando en materia, debo decir con franqueza que me gustó. Debo reconoce que me gustó la forma casi impasible en que el secretario del Senado el lunes 27 de Noviembre en la noche ante la pregunta del presidente de la corporación respondió, sentenció, que la reforma constitucional de las 16 curules había sido negada por falta de votos y que, ante el hecho de que la votación no fue apelada de inmediato, ese esperpento político, jamás nació a la vida constitucional.

El Secretario Eljach, sin parpadear, sin dudar un segundo, sin esguinces o sonrisas maliciosas, como quien estoicamente cumple su deber, sentenció un hecho sin precedentes en los últimos años de la política colombiana.

El déspota de marras salió de inmediato a disponer y afirmar que el Secretario del Senado se equivocó. Luego vino la andanada de demandas reclamando que se enviara el proyecto a la sede del gobierno para la sanción presidencial de un acto que nunca fue.

Claro, el déspota de marras salió de inmediato a disponer y afirmar que el Secretario del Senado se equivocó. Luego vino la andanada de demandas reclamando que se enviara el proyecto a la sede del gobierno para la sanción presidencial de un acto que nunca fue.

Y es que, de lejos, este adefesio de las 16 curules tiene un impacto inmediato y peligroso, superior a todos los beneficios entregados por el gobierno a las Farc como producto del acuerdo de La Habana, firmado tantas veces hasta por último en el Teatro Colón. Con todo lo grave, injusto, impune, doloroso e inadecuado que sea, la estela de regalos de Santos a las Farc, la peor herencia que nos iba a dejar de su administración son las consecuencias de esta decisión. Esas dieciséis curules podrían haber cambiado definitivamente a Colombia y convertirlo en un país en que se institucionalizaba la ingobernabilidad por determinación normativa, que serviría de caldo de cultivo para exarcerbar nuevas polarizaciones y llevarlo a situaciones insospechadas. Y empezaría a regir de inmediato, una vez instalado el nuevo Congreso.

No olvidemos que, de acuerdo con estudios de investigadores de las universidades de Oxford y Cambridge, más de la mitad de los procesos de posconflicto en mundo después de la Segunda Guerra Mundial, terminaron en guerra civil, por haber quedado mal agenciados. Por supuesto, sectores que no fueron incluidos o desproporciones en las concesiones, generan más reacciones y ánimos retaliatorios que espacios de encuentro, convivencia y paz. La paz no se hace con discursos, ni leyes, se hace con todas las partes interesadas, no con algunos sí y con otros no.

Cómo es que él, De la Calle, el presidente Santos y el gobierno en general, podían ser tan laxos y generosos en las concesiones a las Farc, organización criminal que durante más de medio siglo causó tanto dolor y muerte y, en cambio se les veía intolerantes, rabiosos y les asignaban toda clase de expresiones peyorativas a quienes se oponían a algunos de los términos del acuerdo, desde la legalidad, a base de tuits, declaraciones a los medios y de discursos, por muy detestables que pudieran parecer a muchos.

En septiembre pasado en un evento en que me correspondió comentar la ponencia de Humberto de la Calle, negociador del gobierno y actual candidato presidencial, ante su queja de la virulencia de la oposición al proceso de paz, le pregunté, cómo es que él, el presidente Santos y el gobierno en general, podían ser tan laxos y generosos en las concesiones a las Farc, organización criminal que durante más de medio siglo causó tanto dolor y muerte y, en cambio se les veía intolerantes, rabiosos y les asignaban toda clase de expresiones peyorativas a quienes se oponían a algunos de los términos del acuerdo, desde la legalidad, a base de tuits, declaraciones a los medios y de discursos, por muy detestables que pudieran parecer a muchos. Insistí que si no le parecía una desproporción en el trato a unos y otros. El señor negociador hizo mutis por el foro.

Ahora bien, el hecho que Timochenko salga a hacer campaña para la presidencia; que los jefes negociadores de las Farc estén elegidos de antemano a Senado y Cámara por cuenta de las diez curules -cinco en senado y cinco en cámara-; que salgan a hacer campaña sin presentarse ante una autoridad judicial, llámese JEP -Justicia Especial para la Paz-, o lo que sea, ni que muestren el más mínimo arrepentimiento de lo hecho a los colombianos durante más de medio siglo; que el gobierno les entregue cifras descomunales a su partido que los demás partido soñarían; que les paguen un jugoso salario a la “guerrillerada”; que no hayan devuelto lo niños reclutados la fuerza, ni reconocido las violaciones de mujeres; que no realicen un desminado efectivo ni entreguen mapas, ni la totalidad de las armas; ni que, incluso buena parte de sus activos se mantengan al margen como “disidentes”; que sigan en el negocio de la droga y no hayan declarado bienes ni delatado testaferros, como afirma el Fiscal General de la Nación. Todo ello, podrían resultar apenas anécdotas entre pintorescas y aterradoras frente a lo que para el futuro colombiano significarían, de inmediato, esas famosas dieciséis curules supuestamente para las víctimas, de haber sido aprobadas.

Hay que señalar la forma abusiva como se manipula a la opinión pública con el tema de las víctimas, quienes supuestamente serían las beneficiarias de esas 16 curules en la Cámara de Representantes. Es conocido por todos y señalado por expertos estudiosos que las zonas correspondientes son y han sido puntos clave del negocio de la droga. Es reconocido que a pesar del retiro de las Farc, las bandas de narcotraficantes y “disidencias” se han quedado con el control de esas zonas. Es apenas obvio que ante la inmensa capacidad y poder del dinero y las armas del narcotráfico, los que mandan y determinan en esas zonas son los jefes de la droga, guerrilleros o no.

En consecuencia pretender hacerle creer a los colombianos que los eventuales candidatos serían ciudadanos inocentes y no agentes de estas mafias, si no es una falacia, cuando menos sería una ingenuidad. Si no, ante el poder descomunal de armas y dinero, preguntemos: ¿a quienes dejarían inscribirse en esas zonas como candidatos? ¿Quiénes tendrían los recursos y permiso para hacer campaña? ¿Por qué candidatos dejarían votar los mafiosos?  Entonces, de esas dieciséis curules, muy probablemente buena parte terminaría siendo de agentes del mayor cartel de drogas del mundo, las Farc.

Ahora bien, el impacto en la Cámara de esas 16 curules no tiene parangón. Por vía de decisiones gubernamentales avaladas por un sector de congreso, la Cámara de Representantes pasaría automáticamente de 166 curules, incluidas las cinco de regalo directo a las Farc, sin necesidad de que hagan campaña, a pesar de los enormes recursos que les está girando el gobierno. Eso por sí solo no dice nada. En un supuesto, bastante improbable, pero que da una señal importante, si se repitiera la distribución actual de escaños por partidos, tendríamos una mayoría superlativa, artificial e insalvable por parte de lo que ahora les dio por llamar la centro- izquierda y la izquierda.

Discurso mediático y seudo-intelectual, cuando la ideologías hacen agua en todo el mundo. De ese bando, lo único que los une es que son defensores a ultranza del acuerdo Santos-Farc.

Así las cosas, dicho de nuevo, si se repitieran los guarismos, quedarían de ese bloque: Partido Liberal 39, La U. 37[1], Verdes 6, Polo 4, Mira 3, Asi 2, lo que suma 91. Seguro que algunos caerán en curules y otros subirán, más los que pueda obtener el Progresismo de Petro, si su lista pasa el Umbral. A ese dato habría que agregar los 21 Farc+Zonas especiales. El efecto perverso está en que la mitad +1 de 166 es 83. Con las 21 curules la Cámara pasaría a 187 Representantes, y la mayoría sería de 95. A la repartición mencionada se agregan 21 curules, con lo que la mayoría de ese sector sería inalcanzable con 112 curules, muy superior a 10 escaños, pues de todas maneras las cinco de regalo a las Farc van sin fórmula de juicio.

Ahora, esa mayoría con un fuerte discurso ideológico intentará aplastar al resto. En el Senado, en cambio, salvo con las cinco curules de las Farc y el segundo que quede en la elección presidencial, les daría algo así como 55 escaños lo cual escasamente sería una mayoría. Lo que de alguna manera mantendría un relativo equilibrio en esa corporación.

Así las cosas, la Cámara se puede volver un palo en la rueda para la gobernabilidad por eventuales posturas radicales e intransigentes con un eventual gobierno de los del Sí, o una aplanadora imparable para los cambios que al país le quiera introducir el gobierno, especialmente en un régimen hiper-presidencialista como el que tenemos. Mire a Santos y mire el vecindario.

[1] El caso más crítico de variabilidad de este análisis será seguramente la U., pues luego de actuar durante estos dos gobierno como parte de la Unidad Nacional que apoyó a Santos en todos sus empeños, se dice que una sector importante se deslizará hacia la candidatura de Vargas Lleras, de quien aún no se sabe si le hace juego a los del No o a los del Sí.

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